Showing posts with label Curauma. Show all posts
Showing posts with label Curauma. Show all posts

Monday, March 23, 2009

Rutinario

Todo inició con un simple dialogo:
“Esto se está volviendo rutinario” dije.
“¿Rutinario?,” respondió. “Esta es apenas la segunda vez que vamos para allá y además ahora somos cuatro…”

En nuestra dirección una camioneta roja comenzó a tomar cierta velocidad. El perro que tenía patas cortas la seguía a su lado feliz como es típico de estos perros. Al vernos, se intimidó un poco y desvió su dirección cruzándose en el camino del vehículo:

Vi con todos los detalles y en cámara lenta como la rueda delantera izquierda pasó completamente por encima del perro. Casi no hizo ruido.

Hubo un “uhhh” generalizado al mismo tiempo que nos quedábamos parados mirando al perro que quedó aturdido, con la lengua afuera, la mirada perdida y casi sin movimientos. Hizo como un sonido pidiendo ayuda. O talvez simplemente se ahogaba.

La camioneta había avanzado unos metros y luego se detuvo. Se abrió la puerta y el conductor llegó corriendo.

“Al tiro al veterinario” dijo en voz alta como si quisiera que lo escucháramos. Tomó al perro (que ahora tenía más parecido con un saco de papas) en brazo y fue hacia su casa. Comenzamos a movernos y vimos como tocaba la reja un poco más adelante:

“Isabel!” gritó. “Isabeel!!!”

Se abrió la puerta y salió la hija.

“Llama a tu mamá que atropellé al Charlie”

“¿Qué?”

“Llama a tu mamá que atropellé al Charlie!” repitió, terminando con una voz temblorosa.

“Ahh…” dijo asustada la niña mientras desaparecía.

“¿Rutinario?” Avanzamos un poco más por el camino. Había sido una extraña situación. No demasiada rutinaria que digamos.

Aunque ya se venía riendo de antes, no pudo contener la risa más tiempo. Una risotada dantesca que probablemente el dueño de Charlie podría haber escuchado. Esperemos que no. Unos metros más y  otros también empezamos a reír.

La escena comenzó a ser repetida una y otra vez con todos los detalles que la hicieron un clásico casi instantáneo. Pobre Charlie. ¿Qué ocurriría con él?

En el camino de noche en busca del supermercado ya se habían hecho todos los comentarios posibles del acontecimiento y el tema comenzaba a perder frescura. Comenzó entonces la invención de segmentos para expandir la historia. Muchos probablemente eran poco factibles pero le daban más sabor:

“Este no es mi día” habría dicho el dueño de Charlie. Minutos antes recibió su despido laboral vía telefónica. Isabel no contestaba porque estaba con su amante en la casa, el cual al entrar furtivamente habría dejado la puerta de la reja abierta y de esta manera Charlie escapó para encontrarse con su destino fatídico de aquella tarde. En el camino al veterinario otras cosas ocurrían con cambios vertiginosos y sorpresas inesperadas dependiendo del narrador. Al parecer no encontraba al veterinario porque estaba en la casa con Isabel.

El dueño de Charlie además estaba todo nervioso, no porque el perro estaba gravemente herido, sino porque le iba a llegar el tremendo reto en la casa. Esa última parte era bastante real.

Finalmente después de casi media hora de entretención gracias a este acontecimiento demasiado rutinario llegó el momento sentimentaloide y reflexivo: “Pobre Charlie” “No, si igual fue fuerte” “Siempre pasan cosas raras en esta ciudad”.

Thursday, September 25, 2008

Charlie delta

Una situación bizarra y nocturna ocurrió en el bosque dónde la visibilidad es escasa y el croar de las ranas (que en realidad no lo son, si no sapos) es más colorido, en busca de la laguna.
— Buenas noches — preguntó el motociclista que apareció de la nada y que encandilaba con la luz de su vehículo. — ¿Puedo ayudarlos?
— Si, eh…buenas noches — respondió uno, mientras otro individuo, que estaba al lado del camino en el descenso, comenzó a subir con leves maniobras para evitar resbalarse. Estaba abajo porque era un camino “directo” a la laguna.
— Es que el perro ladraba y podía morder — dijo.
— El perro no les hará nada si bajan por el camino normal — respondió el guardia y posteriormente sacó un comunicador.
— Charlie delta cambio — empezó a informar. — Van 3 jóvenes (gays, debe haber pensado el guardia por toda la escena, el cuál además debe haber estado: o asustado por lo extraño de la situación, o feliz (al menos contento) porque su habitual rutina de guardia se vio alterada por una curiosa o extraña situación descrita en este relato) que quieren conocer la laguna, cambio.
Y así conocimos la laguna.

Saturday, July 12, 2008

El croar de las ranas por la noche

Ahora iba en 3°. Parecía que todo había resultado el día anterior. Y como todo era nuevo tuvo mayor valor de lo que realmente valía. Yo sé a lo que me refiero.
Al día siguiente hacía sol, ese sol fuerte y brillante que viene después de una lluvia intensa. Era hora de tomar el bus. Esta vez, el Terminal libre y se podía respirar. Había que viajar en uno que fuera hacia la costa y bajarse en el tal cruce.

Lo hice o al menos parecía que sí. Después de dar algunas vueltas bajé con cuidado, pasé un pequeño paso nivel y avancé en la dirección de esa nueva localidad. Al menos para mí. Varios pinos y un supermercado, un colegio o dos en mi camino por una calle aún no pavimentada.

Las zapatillas un poco embarradas, un aire limpio y fresco. Algunas preguntas por direcciones y un teléfono extraño, probablemente traído de oriente, con caracteres ininteligibles en este lado del océano, me permitieron invocar una camioneta para llevarme a almorzar.

Después de una sesión de apretar botones, salimos a caminar por la noche. Era un ambiente tranquilo, casi onírico, mezclado por el bosque nativo y el exógeno australiano, a lo largo de calles ávidamente construidas. El descenso hacia la laguna empezó.

Lamentablemente nunca llegamos a la laguna, si bien se pudo apreciar las aguas calmas reflejando la luz de las casas aledañas. Un momento de ingenio o ingenuidad. Rodear y buscar otra entrada. Meterse por unos caminos poco explorados, algo blandos además por la lluvia. Poca luz, árboles y las estrellas vivas, brillando más arriba. Avanzar sin retroceder por la oscuridad. No se veía casi nada.

Había ladridos y ecos de ladridos menos fuertes más adelante, un sonido de cadenas y una casucha de madera. Sólo faltaba la motosierra. Mejor no. En la vuelta entre algunas hojas, un insecto misterioso avalaba la caminata. Y del croar de las ranas nada.