Showing posts with label Eso era un Stic-fix cuando era chico. Show all posts
Showing posts with label Eso era un Stic-fix cuando era chico. Show all posts

Thursday, October 02, 2008

Eso era un Stic-fix cuando era chico

III.
Esa tarde se alargó más de lo necesario. Cuando finalmente regresé a la estación comencé a leer una historia en varias partes que estaban pegadas en las paredes. Me conversaban --o algo similar a eso, creo-- y yo respondía. Estaba realmente aburrido y tenía ganas de irme de ese lugar. Había apostado una vez más y era lo mismo. Estaba en eso cuando desde el zócalo de la pared del andén opuesto al mío, vi un gato que salía de un orificio. O la cabeza de un gato. Al parecer vivía en la estación de metro. ¿Qué hace un gato en el metro aparte de comerse los ratones? El gato comenzó a caminar y yo lo seguí de lejos…

Estaba en las canchas de tenis (sin hígado y aún podía mover una pierna, la cuál estaba a unos metros…)

Recuerdo que aprendí a caminar tarde. O puede que recuerde lo que se encargaron de hacerme recordar. Tenía 3 años. Recuerdo aquella tarde. Viajaba en mi coche llevado por mi madre. Vagos recuerdos de los árboles y el pasto alrededor. Olores suaves se mezclan con una brisa fría. Mi coche paró un momento. Mamá empezó a conversar. Entonces lo vi. Mucho mayor que yo. Tenía el pelo largo y oscuro como sus ojos. Usaba unos zapatos curiosos que me recordaban a robots. De alguna forma lo percibí distinto a todos los otros que había encontrado como yo. Su voz era más gruesa y hablaba como adulto porque, no lograba entenderle. Me miró y me dio vergüenza. Era un coche más grande. Sus movimientos parecían una danza. Usaba algo en los ojos. Tenía pocos dientes, grandes y amarillos. Me sonrió. Mi mamá me hizo despedirme con la mano. Ahora sé que era una silla de ruedas.

Wednesday, October 01, 2008

Eso era un Stic-fix cuando era chico

II.
Desperté en un cementerio completamente oscuro. No había estrellas ni faroles. Al principio no tenía idea que era un cementerio. Sólo sabía que no podía ver nada y que chocaba constantemente al querer avanzar con pequeñas estructuras de concreto. O ladrillos. Talvez piedras. Eran firmes y con inscripciones grabas en algunas de ellas; con las manos intenté seguirlas y así los surcos se volvieron palabras. Se trataba de nombres finalmente. No tan comunes, debo decir. Había números arábigos y romanos también. De a poco mi visión se fue acostumbrando con la oscuridad alrededor y al distinguir una cruz cerca, la idea de cementerio estaba ahora más clara. Todo esto tomó unos 30 minutos. Yo recordaba que estaba en mi habitación durmiendo tranquilamente antes de aparecer por ese lugar. En realidad no tan tranquilamente. Antes de dormirme empecé a pensar sobre el último tiempo en mi vida, de las opciones y caminos. De la soledad.

Hacía poco que había regresado al camino recorrido unos 5 años atrás. Poco había cambiado ahora. Era mi primer año en Santiago. Con cada paso que daba, recuerdos iban apareciendo. Esa es la cualidad de los caminos: no olvidan ni cambian realmente. Somos nosotros al recorrerlos. Asociaciones emergieron. En esos días comía y otros no. La misma casa del individuo que ponía --y que todavía pone por lo visto--la radio a todo volumen. La primavera de ese año se parece a la de este año. El pasto largo como esa vez. Un día sábado me aventuré al evento otaku en la universidad. Poca (o nadie) gente realmente conocí esa vez. Regresé a dónde me hospedaba y en el camino pasé por ese negocio a comprar algunas tajadas de jamón y/o queso que eran cortadas con esa máquina curiosa. Después de volver, me hice algunos panes. Pasé por los caminos de ese año. Pasé por el pequeño negocio dónde llamé por teléfono al tipo de la polera de poliéster azul para comprarle mi segundo PS2.

Volví al cementerio.

Sunday, September 28, 2008

Eso era un Stic-fix cuando era chico

I.
Soñé con zombies. Estaban por todos lados y en gran número. Tenía que escapar de ellos. Antes de que todo se volviera zombie aparentemente, un partido de fútbol americano se llevaba a cabo. Sena no lograba pasar a su marca en varias ocasiones hasta que gracias a una técnica descubierta en el momento hizo una maniobra genial y anotó el touchdown. Lo que ellos no sabían es que estaban siendo observados por máquinas colocadas por los zombies. El partido en realidad ya había durado días pero nadie sospechaba porque estaban viviendo una ilusión. Uno de ellos se dio cuenta de esto e intentó avisarles, sin éxito, ya que la cámara vigilaba todo. Así, salieron unos pequeños murciélagos estilo mutante clásico que rápidamente se encargaron de silenciarlo. Cuando las cosas se veían complicadas, se me ocurrió escapar por las canchas de tenis. Algunos de los zombies sólo querían a alguien con quien jugar. Lancé el balón por algunos momentos escondiendo mi verdadero objetivo: acercarme a los límites del complejo y pasar desapercibido. En el camino me reencontré con un viejo mal presagio que parecía no infectado por la onda de los zombies. Pudimos intercambiar palabras cuando le entregué la pelotita en una de las ocasiones. Después de increpar mi actuar del pasado decidimos escapar juntos del incierto destino. Pasamos un camión extraño y de gran tamaño con forma de ataúd, que al abrir sus puertas dejó salir más zombies. Seguimos avanzando con ingenio entre las canchas de tenis que parecían interminables. Las superábamos una por una buscando en los límites un espacio en las redes metálicas que no estuviese cerrado. Podía sentir que nos acercábamos pese a que estábamos desorientados. Después de algún tiempo pude ver la ciudad más adelante, unos edificios apoyaban mi visión. Las canchas de tenis se habían acabado, un laberinto de arbustos se emplazaba en nuestro camino. Avanzamos un poco cuando del suelo un viejo periódico llamó mi atención. Era la típica historia de investigaciones médicas y/o biológicas que salen mal y que sin aviso infectan a la población y la vuelven un ejército de descerebrados zombies con un hambre voraz por todo lo vivo que aún no ha sido infectado…
Estaba oscuro. De pronto se ilumina todo y la escena era un gran número de zombies que circulaban alrededor de nosotros. Se acercaron rápidamente y sentí que cada parte de mi cuerpo comenzaba a ser distendida en diferentes vectores de dirección por cada uno de ellos. Nos desviscerarían en cuestión de segundos. No era una sensación agradable, debo decir.