Warning: some of the places described in this work of fiction are real. Even some people and magical beings. However, in order to avoid curious fellow readers I was almost compelled to obscure these. And without reason also invent me a girlfriend.

Omnia mutantur, nos et mutamur in illis
Warning: some of the places described in this work of fiction are real. Even some people and magical beings. However, in order to avoid curious fellow readers I was almost compelled to obscure these. And without reason also invent me a girlfriend.

Vi con todos los detalles y en cámara lenta como la rueda delantera izquierda pasó completamente por encima del perro. Casi no hizo ruido.
Hubo un “uhhh” generalizado al mismo tiempo que nos quedábamos parados mirando al perro que quedó aturdido, con la lengua afuera, la mirada perdida y casi sin movimientos. Hizo como un sonido pidiendo ayuda. O talvez simplemente se ahogaba.
“Al tiro al veterinario” dijo en voz alta como si quisiera que lo escucháramos. Tomó al perro (que ahora tenía más parecido con un saco de papas) en brazo y fue hacia su casa. Comenzamos a movernos y vimos como tocaba la reja un poco más adelante:
“Isabel!” gritó. “Isabeel!!!”
Se abrió la puerta y salió la hija.
“Llama a tu mamá que atropellé al Charlie”
“¿Qué?”
“Llama a tu mamá que atropellé al Charlie!” repitió, terminando con una voz temblorosa.
“Ahh…” dijo asustada la niña mientras desaparecía.
Finalmente después de casi media hora de entretención gracias a este acontecimiento demasiado rutinario llegó el momento sentimentaloide y reflexivo: “Pobre Charlie” “No, si igual fue fuerte” “Siempre pasan cosas raras en esta ciudad”.
Recuerdo que una noche en el Mega pasaban una extraña película llamada Troll. Tenía como 11 años y no entendía demasiado el concepto. Para mi los Trolls eran unas criaturas pacíficas y risueñas del bosque con pelo de colores fuertes y largo como Vegeta y que comían semillas como lo cantaban en el comercial esos niños multiétnicos en especial el niñito afroamericano que tenía una especie de rap pegajoso con esos ruiditos buco-labiales. Como era sábado hacía zapping por los canales buscando algo que ver. Cada vez que pasaba por ese canal miraba algunas escenas dudoso. A medida que avanzaba la película la cosa se notaba que iba por el camino del mal. La niñita estaba como poseída, no confiaba en ese enano bigotón y los papás eran unos ineptos. En fin, sin aviso comienza el enanillo a contar una historia en la cena y a medida que avanzaba una música de fondo aparece tomando progresivamente fuerza. La letra no tengo idea en que idioma será, creo que debe ser latín o idioma troll. El tema se llama Cantos Profanae del compositor Richard Band que se hizo más menos conocido con su obra.